Si la reencarnación existe creo que en otra vida fui un perro, uno grande, un pastor belga o algo asi, un perro negro de gran tamaño, pelo largo y ojos del color del ámbar.
Y diréis ¿que te hace pensar eso?
Pues amenudo disfruto de algunos sueños increíblemente nítidos y gratificantes, en los que veo las cosas desde un metro del suelo aproximadamente y en los que mis sentidos parecen mas aguzados.
Mis manos y pies sienten el frío suelo y mis dedos se agarran con fuerza a él, y de pronto empiezo a correr, a cuatro patas, siento como al correr el aire silba en mis oídos como enfría mi cuerpo y por el rabillo del ojo las cosas se desdibujan por la velocidad, siento el bamboleo de un rabo y como los dedos en su apariencia de zarpas se clavan para aumentar el impulso e ir mas veloz, noto como mi cuerpo se arquea con cada potente salto, los pulmones se me inflan de aire en una entrenada respiración, resumiendo, en esos sueños soy un perro, uno callejero y me siento inmensamente libre y feliz mientras corro.
Pienso que en otra vida fui un perro también por cosas que me pasan o hago de forma inconsciente y que luego me sorprendo preguntándome ¿porque lo habré hecho?
Un claro ejemplo es lo mucho que disfruto cuando salgo a correr con mi perra Lluvia, ambos corremos los cuatro kilómetros de las pistas del pueblo uno al lado del otro brincando y jugando, y cuando salimos al campo subimos por cuestas, saltamos por piedras, corremos entre arboles y jugamos a pillarnos. Me encantan esas horas con Lluvia al caer la tarde, ¡¡como me gustaría ser un perro en esos momentos para poder correr mas rápido!!
Otras veces sin querer me sorprendo oliendo el aire, escuchando un ruido lejano con la cabeza inclinada, mirando un punto fijo en el aire sintonizando los sentidos, rascándome detrás de la oreja como a manotazos, sintiendo un fuerte impulso de echar a correr a todo meter, incluso de gruñir o aullar...
Me gustaría ser un perro, si, uno grande y negro, de pelo largo y ojos del color del ámbar y vivir libre en algún bosque de montaña y hacer incursiones de vez en cuando por pueblos o ciudades para recorrer las calles sin rumbo fijo.