Me emborraché, bebí hasta un punto en el que me cabreé por no poder cerrar la cremallera de mi cazadora... es rídiculo, totalmente absurdo...
No contento con eso, la tire contra el suelo en el bar delante de un montón de gente, es que es absurdo...
Pero no acaba la cosa, me fui a casa, con una camiseta de manga larga, posiblemente, debido al frío y al alcohol corriendo por mi cuerpo y mi cerebro, perdí el sentido y me desplomé cerca de casa, sollándome rodillas, codos y manos...
No se si fue el increíble bofetón que debí de darme el que me izo recuperarme y después de eso el dolor, el que me izo ser capaz de andar, si es que a eso se le podía llamar andar, (a trompicones contra una pared y por el suelo...) hasta la puerta de la casa de mi amigo Javi a las 6 y media de la mañana, y caerme de bruces contra ella despertando a sus padres y asustandolos, llamé allí tirado, y escuché que llamaban a la policía, (yo también lo hubiera hecho en su lugar) y no abrieron... llegó Javi un rato mas tarde, que venía de corral, y me encontró alli tirado...
Lo único que pude decir fue, llévame a casa.
Allí esperaban mis padres y Miguel, asustados, que habían estado buscándome por todos sitios...
Lo que pasó en mi casa fue algo horrible y de nuevo, sin lógica alguna...
Debería haberme ido a dormir, si, pues no lo hice, me puse a gritar, y a contestar a mi padre, le tiré el anillo de mi abuela, su madre, a los pies, aun no recuerdo por qué, se que estaba encolerizado y el también, si no esta Miguel posiblemente me habría matado...
Rompí el cristal de la mesa del salón de un puñetazo, y la puerta del microondas de otro...
Al final Miguel consiguió calmarme, me duché y me fui a dormir...
Esta mañana, al levantarme, se me ha caído el mundo encima.
He hablado con mis padres, y pedido perdón a todos los que molesté y he decidido que no voy a beber nunca más y llevaré el doblado anillo de mi abuela en el dedo como recordatorio de lo que ha pasado.
Tengo que hablar urgentemente con mis amigos, estoy haciendo grandes esfuerzos por cambiar, dejé de fumar, y si he podido con eso, puedo con esto, pero también estoy seguro de que voy a necesitar toda la ayuda que pueda conseguir, va siendo hora de llamar a los refuerzos, y con ellos se que podré.
Me siento como Atlas, derribado y cansado por el peso de todo lo que tengo por delante.
Pero no seré como él.
Yo voy a quitarme las cadenas y a luchar.





